Aguas procedentes de balsas, pozos poco profundos, canales abiertos o sistemas de recirculación contienen patógenos que llegan directamente al cultivo a través del riego. Sin un tratamiento adecuado, estás regando enfermedades junto con el agua.

Sus zoosporas se desplazan activamente en el agua de riego y colonizan rápidamente las raíces de las plantas. Provocan podredumbre, marchitez y muerte de plántulas en pocos días bajo condiciones de humedad.

Los juveniles J2 de Meloidogyne y otros nematodos se dispersan en el agua de riego y atacan las raíces, formando agallas que reducen el rendimiento hasta un 80%.

Ralstonia solanacearum, Erwinia spp., E. coli y virus del mosaico se transmiten eficazmente por agua, contaminando el cultivo desde el primer riego.

La acumulación de biofilm obstruye goteros, reduce la eficiencia del riego y se convierte en un foco permanente de contaminación. El cloro convencional no lo elimina.
Estudios realizados en la cuenca mediterránea detectan presencia de Pythium, Phytophthora y Fusarium en más del 60% de las muestras de agua de riego analizadas en explotaciones hortícolas.

Pythium spp., Phytophthora spp., Fusarium oxysporum. Sus zoosporas son móviles en agua. Una sola contaminación puede colonizar toda una explotación.
Eliminación 99,9% a 0,3 ppm ClO₂
Juveniles infectivos de Meloidogyne y formas resistentes de protozoos sobreviven y se transportan en aguas de riego sin tratar.
Inactivación con tratamiento de choque
Ralstonia solanacearum, Erwinia spp., virus transmitidos por suelo y agua. La alta pureza del ClO₂ (99,9%) garantiza su eliminación sin generar subproductos tóxicos.
Acción de amplio espectroConoce el mecanismo de acción del dióxido de cloro y por qué es más eficaz que el cloro convencional para tu agua de riego.